Relato de D. Juan Madrigal de Torres al Garbancillo de Tallante

EL GARBANCILLO QUE NO QUERÍA VIVIR

Cuando en una calurosa tarde de primavera se levantó una suave brisa mediterránea que recorrió todo el Cabezo Negro de Tallante, el Garbancillo comenzó a recordar aquel tiempo en el que había perdido las ganas de vivir.

En aquella no tan lejana época resultaba difícil que algún ser humano reparase en su existencia pues era de los últimos de su especie y sólo quedaban vestigios de su pasado en los libros de botánica. Los hombres, víctimas de su propia soberbia, hacía años que no respetaban las sagradas reglas de convivencia con los demás seres vivos y, guiados por su afán de desarrollo a ultranza, se entregaban a la explotación irracional de todos los recursos naturales, olvidando que de esta forma jugaban con su propia supervivencia.

El Garbancillo pensaba entonces que lo mas terrible de su situación no era la soledad como planta silvestre única, a la que ya se había acostumbrado, sino saber que tras él no habría otros que mantuvieran su estirpe y siguieran prestando su polen y sus semillas a las abejas y otros animales alados para continuar esa amable relación de colaboración mutualista que se había iniciado en el albor del mundo.

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